Votar no es...

Votar sí no es querer impunidad sino entender que la justicia punitiva efectiva aún no es posible en un país con los niveles de corrupción que tenemos, que hacen del sistema de justicia un paquidermo inoperante.

 

Votar sí no es querer premiar a los perpetradores de crímenes atroces con curules en el congreso sino entender que ellos sin esa opción mantendrían su argumento de falta de espacios políticos para justificar la búsqueda de estos vía uso de las armas.

Votar sí no es ignorar a las víctimas sino apostar por una vía más rápida para que estas tengan al menos acceso a la verdad, y para que deje de haber nuevas víctimas.

Votar sí no es la ingenuidad de creer que el narcotráfico ha sido para las Farc una mera forma de conseguir recursos para financiar sus nobles causas, es entender que esta guerra, como todas, se degradó, y que donde hay dinero fácil hay seres humanos dispuestos a obrar de forma inhumana para apoderarse de él. Votar sí es entonces tragarse ese sapo, como el de que en secuestrar y extorsionar también hubo motivaciones altruistas. Votar sí es creer que en otro momento llegará la justicia divina para quienes obraron así.

Votar sí no es dar una bofetada a la fuerza pública que con tanta valentía contuvo y disminuyó la amenaza de la insurgencia sino entender que por años se dejó sobre sus hombros la responsabilidad de hacer patria, cuando esto era y sigue siendo una responsabilidad del estado entero. Votar sí es aceptar que también entre esos valientes la guerra destrozó los ideales de algunos y los llevó al deshonor, y que también para ellos debe haber una segunda oportunidad.

Votar sí no es votar por Santos sino aceptar que es el único presidente que ha logrado algo con las Farc que es mejor que mantener a ese grupo como guerrilla. Y no es claudicar a exigirle que trabaje por crear las condiciones para que quienes nunca han empuñado las armas también tengan oportunidades y beneficios. Tampoco es votar contra Uribe sino decirle que no hay en su oposición al acuerdo una dosis de realismo que nos permita creer que hay otro camino viable para acabar con las Farc.

Votar sí no es votar por las Farc sino decirles que perdieron más de 50 años de lucha, e incluirlas en la difícil tarea de construir el país que ellas ayudaron a destruir. Es creer que su primera oportunidad como partido político en las urnas las sacará de la idea de que son populares y queridas, y las aterrizará a la realidad de lo que es construir un país en democracia.

Votar sí no es sentar el precedente de que el crimen paga sino decirles a nuestros niños que les heredamos un país con un problema menos, para que ellos puedan desplegar todas sus energías en solucionar tantos otros que tiene Colombia, sin el freno y la excusa del conflicto guerrillero. Es explicarles que para que no haya necesidad de nuevas negociaciones con grupos armados hay que construir un país equitativo, cuyo comienzo es no excluir al que es o piensa distinto.

Votar sí no es pretender que la paz es un acto de magia que envolverá a Colombia con un conjuro el dos de octubre sino entender que para poder transitar exitosamente hacia ella es necesario desactivar lo que nos la impide, y aceptar que la existencia de las Farc como grupo armado ilegal es uno de esos impedimentos.

Votar sí es decirles a los que creen que lo mejor es votar no, que no importa cuál sea el resultado, la paz no se nos puede esfumar. Que estamos en orillas opuestas solo respecto al cómo pero no al qué, y recordar que el voto es solo uno acto menor, a pesar de lo trascendental de este, entre los varios que todo ciudadano puede hacer para que su entorno sea de paz.

Yo votaré sí, e invitaré a quienes pueda a que también voten sí, pero tanto en lo personal como desde mi cargo como directora de noticias de Canal Capital, escucharé y legitimaré las voces respetuosas de quienes deseen votar no y quieran invitar a otros a hacerlo.