Obama, te lo agradezco, pero no

Modificaría la frase así: El aporte de las mujeres es tan indispensable como el de los hombres.

Como ahora lo dijo el expresidente Obama, muchos lo están repitiendo, y me preocupa que se vuelva una consigna, al margen de lo cierta o falsa que pueda ser, porque se devolverá, como un ‘boomerang’, en contra de las mujeres. Paren de decir que somos mejores que los hombres, pues lo que se logra con esto es que nos sigan poniendo más alta la vara con la que se mide todo lo que hacemos las mujeres, que se nos exija que tenemos que ser ‘súper’ seres humanos, y que se nos juzgue aún más duro cuando no cumplamos las expectativas que esa bienintencionada pero perversa frase nos impone.

Reconocer las capacidades de las mujeres para desempeñarnos en oficios tradicionalmente masculinos es una necesidad para que podamos equilibrar la balanza en materia de participación laboral, especialmente en ámbitos fundamentales para el desarrollo de la sociedad, como la política o los relacionados con las carreras de ciencia y tecnología; pero esto no debe derivar en otro requisito más para las mujeres que alcancen posiciones de liderazgo, pues ello solo ahondaría la inequidad, dado que a las mujeres se les empezaría a exigir que demuestren que lo hacen mejor “porque son mujeres”, mientras que a los hombres se les liberaría de alcanzar unos niveles superiores de excelencia, simple y llanamente porque son hombres. Es decir, borraríamos con el codo lo que hicimos con la mano, y sería una contradicción, pues lo que estamos buscando es equidad.

Leo reportes de prensa que hablan de estudios que demuestran que las mujeres somos mejores tolerando el dolor, manejando el dinero, manteniendo saludable el entorno, comunicándonos, planeando, entre otras cosas, y estoy segura de que, como yo, muchos tienen evidencias de su vida personal que confirman que todo eso es cierto, pero no creo que eso nos haga “mejores que los hombres”. Veo en todo ello una valoración, tardía claro, de las características que las mujeres hemos desarrollado durante siglos, en parte por las condiciones desventajosas en las que hemos estado a través de la historia. Es decir, por fin se está empezando a ponderar adecuadamente el aporte de las mujeres al funcionamiento de la sociedad y que sus fortalezas deben ser aprovechadas en espacios que trasciendan la casa y la familia. Pero creo que esas características también las tienen muchos hombres o pueden desarrollarlas, en la medida en que el equilibrio de género que se pretende también los lleve a ellos a ejercer un rol más protagónico en el cuidado: de los hijos, del hogar, de la naturaleza, de la alimentación, por ejemplo.

Entonces, Mr. President Obama, te lo agradezco, pero no. No digas que las mujeres somos mejores que los hombres, a pesar de que estoy de acuerdo con el contexto general en el que dijiste esa frase: “Estoy completamente seguro de que si en dos años todas las naciones del mundo estuvieran gobernadas por mujeres, veríamos una mejora significativa en casi todos los ámbitos”. Pero eso pasaría no porque seamos mejores que los hombres, sino porque empezaríamos a hacer el aporte que hasta ahora no hemos podido hacer plenamente, dado que las preocupaciones y sensibilidades de las mujeres han sido históricamente tratadas como una especie de asuntos menores para mantener ocupadas a primeras damas o a señoras voluntarias de buen corazón. No obstante, con la misma seguridad de Obama, me atrevo a decir que si el mundo estuviera gobernado por mujeres exclusivamente, y así durante años y décadas, empezaríamos a notar que hacen falta las fortalezas que han desarrollado los hombres, y tendríamos entonces que corregir esa nueva inequidad. Para evitar llegar a eso, modificaría la frase por una menos atractiva para hacer titulares: El aporte de las mujeres es tan indispensable como el de los hombres.