¿Problema de ellas?

El problema es más grande de lo que ya suena con pronunciar el dato: 1’700.000 mujeres desempleadas.

El desempleo en mujeres no es un problema únicamente del millón setecientas mil mujeres que perdieron su empleo en julio, según el Dane, sino un problema de toda la sociedad, ante lo cual ningún empleador/a, compañero/a ni ente gubernamental debería quedarse como observador.

Cada mujer que pierde su empleo –y que, por ende, deja de percibir ingresos– es una mujer más que entra a un círculo de vulnerabilidad que comprende: 1) la posibilidad de quedar supeditada a la potencial violencia del proveedor del hogar, 2) la reducción en la capacidad de nutrir bien a sus hijos, y 3) la minimización de su influencia en la sociedad, por no poder aportar su talento y conocimiento al desarrollo de la economía del país.

En otras palabras: más mujeres desempleadas es igual a más violencia intrafamiliar, más desnutrición infantil y menor PIB. Así las cosas, el problema es mucho más grande de lo que ya suena con tan solo pronunciar el dato: 1’700.000 mujeres perdieron su empleo en julio con respecto al mismo mes del 2019.

¿Cómo generar rápidamente empleo para las mujeres? La Vicepresidencia de la república dice que con 22 pactos por el empleo se generarán en el corto plazo unos 200.000 empleos para mujeres. Importante, pero insuficiente. Por eso, así como las cuarentenas nos obligaron a acelerar la transición hacia el trabajo en casa y la virtualidad, deberían servir para generar una gran medida de choque que obligue a todos los actores a acabar con los sesgos que han mantenido históricamente el desempleo en mujeres 7 puntos por encima del de los hombres, cifra que ya va en 10 % por la pandemia.

Este es el momento para que el Estado acelere la aplicación de estrategias para echar a andar la economía remunerada del cuidado, pues hace rato se sabe que si las mujeres recibieran pago por las 3 horas y 11 minutos por día –en promedio– que dedican a preparar alimentos, limpiar, atender hijos, ancianos y enfermos, y administrar la familia, el PIB del país sería 20 por ciento más alto, y que el cuidado sería el sector más grande de la economía.

Este es el momento para que las empresas aumenten en porcentaje y en tiempo sus metas para que más mujeres lleguen a posiciones directivas y creen incentivos de horario y remuneración para que también las mujeres que están en la base de la pirámide puedan combinar la vida laboral con la familiar.

Y este es el momento para que las mujeres nos sacudamos con más fuerza de la sobrecarga doméstica, de manera que nos queden tiempo y energía para dedicarnos a actividades que generen ingresos, sea por cuenta propia o en el mercado laboral. Es que no hay derecho a que mientras que el 90 % de las mujeres realizamos trabajo no remunerado, solo el 62 % de los hombres hacen lo mismo. ¡Ni que el 38 % fueran mancos!

Ah, y muy bien vendría que tanto hombres como mujeres tuvieran en cuenta este otro dato del Dane: “En todos los casos, sin importar el número de adultos en el hogar, la pobreza por ingresos, de tiempo e ingresos, y oculta, aumenta a medida que incrementa el número de niños, niñas y adolescentes en el hogar”. Para más señas, en un hogar colombiano de dos adultos, la posibilidad de pobreza de ingresos es de 16 %; si estos tienen un hijo, aumenta a 25 %; si tienen dos, sube a 37,6 %, y si tienen 3 o más, a 65,3 %. Sí, ya sé que me llueven rayos y centellas, pero si usted está sin ingresos fijos, mejor le va si pospone la reproducción para cuando tenga estabilidad.

Entre otras cosas… hay vainitas de la pandemia que no quiero que desaparezcan. Propongo, por ejemplo, abolir para siempre el saludo de beso, excepto con los miembros del núcleo familiar. ¿No les parece que sería una acertada norma de higiene en la nueva normalidad?

Claudia Isabel Palacios Giraldo