Ejercicio de reflexión

Creo, entonces, que hay que trabajar más en el cómo decir, sin que esto implique autocensura.

Quiero compartir algunas reflexiones sobre la reacción que produjo mi más reciente columna. He de empezar diciendo que me atormentaron sobremanera los señalamientos y las acusaciones que muchas personas me hicieron, pues, al margen de los argumentos que yo esgrimí para explicar que fui descontextualizada por unos y malinterpretada por otros, creo que el ejercicio de opinar debe servir para propiciar debates respetuosos en pro del entendimiento de los puntos de vista contrarios y de la búsqueda de consensos, y no para polarizar y dividir aún más.
Desafortunadamente, mi columna produjo mucho más lo segundo que lo primero, y por eso lo lamento.

Lo sucedido me motivó a hacer un ejercicio: les pedí a tres personas rigurosas y recorridas en sus áreas de trabajo que revisaran mi columna y me respondieran si en ella justifico el paramilitarismo y apoyo a Álvaro Uribe, ambas cosas ajenas a mi pensamiento y a mi trayectoria como periodista y como ciudadana.

Un especialista en redacción y ética periodística, un jurista especializado en ética de los valores y una matemática especializada en argumentación y lógica revisaron mi texto y me dieron su veredicto.

Comparto algunas de sus apreciaciones en el orden en que me llegaron. Dos me absuelven, una me raja:

1) Especialista en redacción: “… En ninguna frase del artículo se hace apología de los grupos paramilitares, ni del narcotráfico ni de los ‘falsos positivos’, como lo han dicho algunos lectores… La actitud democrática está en controvertir con argumentos, y no en atacar a la persona”.

2) Jurista: “… La lingüística del texto… no se limita al estudio de las partes de la oración, va más allá y se preocupa por ver el texto como un todo… Vista la estructura de la columna, no encuentro que esté justificando el paramilitarismo… Ni defiende al expresidente Uribe, es un llamado a no ir a los extremos…”.

3) Experta en lógica: “… no logró expresar con claridad lo que realmente quería decir, no es posible relacionar la tesis principal con la argumentación de la columna. Las premisas que no tienen soporte es bueno analizarlas, pues pueden entenderse como arbitrarias”.

Una primera lección para mí es que debo ser más clara de lo que creo que soy y mucho más consciente de algo que me dijo mi hijo: “Ma, cuando los temas son sensibles es mejor no hacer titulares tan fuertes porque a veces las personas solo se quedan con lo que dice el titular o ya no le dan importancia a lo que diga el resto de la columna”. Este pensamiento lo recalcan los 3 especialistas consultados: “… en el momento de publicar su argumento, pierde el control. Quien lo lee interpreta de acuerdo con sus preconceptos…”.

¡Reto, gran reto! ¿Cómo garantizar la libertad de expresión si hay que prever y prevenir interpretaciones que aun siendo legítimas desdibujan la intención de lo expresado?, ¿comprender esto nos debe llevar a matizar las opiniones o, incluso, a no decirlas?, ¿para qué sirve opinar?, ¿cómo garantizar el respeto por la diversidad de pensamientos?, ¿cómo dar discusiones francas?  En todo caso, a pesar de que siempre he pensado que los periodistas no estamos para decir cosas por el mero hecho de poder decirlas, pues creo que antes que periodistas somos ciudadanos que debemos considerar el impacto de lo que publicamos, me pasó lo que me pasó. Creo, entonces, que hay que trabajar más en el cómo decir, sin que esto implique autocensura.

Yo seguiré en mi reflexión, la misma que les invito a hacer a tantos que me acusaron, especialmente a aquellos seguidos por cientos y miles de personas en sus redes sociales, y a quienes, claro, desde mi subjetividad, a veces los veo motivados solo por la avidez de capturar nuevos fans, de apostarle a la tendencia del día y de sembrar indignación… ¿qué esperan cosechar?

Claudia Isabel Palacios Giraldo