Si yo fuera quinceañera…

Pediría un implante subdérmico para poder vivir mi sexualidad sin riesgo de quedar embarazada.

Aunque no se conoce aún el texto del proyecto de ley que radicará la senadora María del Rosario Guerra para que, según versiones de medios de comunicación no confirmadas por su oficina, se requiera el consentimiento del progenitor para que las mujeres puedan abortar en las tres causales despenalizadas por la Corte, una iniciativa de ese nivel evidenciaría una total desconexión con las necesidades de las niñas y mujeres de Colombia.

¿En qué podría servir tal propuesta a solucionar problemáticas como las recogidas en los informes de la Fundación Plan y el Dane, explicadas con detalle en la más reciente edición dominical de este diario?

Entre otras cosas, estos informes señalan que cada día, 15 niñas menores de 14 años quedan embarazadas, y que 2 de cada 10 adolescentes tienen su segundo embarazo entre los 7 y los 17 meses posteriores al primer parto, o que el 31 % de las jóvenes de 15 a 24 años ni estudian ni trabajan.

Con ese panorama, lo que urgen son acciones contra la impunidad en los casos de abuso sexual, contra la insuficiente educación sexual y limitado acceso a anticonceptivos y contra las inequidades estructurales que, como señala el más reciente informe del Estado de la Población de la ONU, hacen que en muchos hogares todavía prefieran tener hijos hombres que hijas mujeres, pues las niñas siguen siendo vistas como una carga. Pero el Congreso nos falla a las mujeres. No lo digo porque crea que el proyecto de la senadora Guerra tiene futuro, sino por lo ya obrado. Por ejemplo, en la legislatura pasada se cayó el proyecto para impedir el matrimonio antes de los 18 años, que afecta, obviamente, más a niñas que a niños.

Y si por el Congreso llueve, por el Ejecutivo no escampa. El Gobierno de Colombia, hace solo una semana, en el 44.º Consejo de DD. HH. de la ONU, en Ginebra, le quitó el apoyo a la resolución para eliminar todo tipo de violencia y discriminación contra las mujeres y las niñas, a pesar de que el país fue coautor de esta. La razón: a Colombia no le bastó que el documento dijera que el acceso al aborto seguro debe darse según la legislación de cada país, sino que quería que los países se comprometieran a desincentivar el aborto.

Algunos dirán que se puede avanzar en equidad de género sin hablar de aborto; pero hay que estar muy ciegos para no darse cuenta de que ningún avance en este sentido será contundente sin garantizar que las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres adultas tengan total control sobre sus cuerpos y su sexualidad. Por eso, las propuestas al respecto deben ser contundentes, además porque está probada la tendencia de las mujeres a tener menos hijos y a retrasar el matrimonio o la convivencia en pareja cuando tienen plena libertad para decidir sobre su reproducción y su vida.

Como las propuestas contundentes no saldrán del Congreso ni de los gobiernos, que vengan de la sociedad civil. Aquí va la mía… Cuando yo era quinceañera, la mayoría de mis amigas querían una fiesta y un hermoso vestido; yo pedí, sin éxito, el pase para poder salir a callejear en la moto de mi familia; generaciones siguientes prefirieron cirugías para aumentarse el busto. Si hoy yo fuera quinceañera, pediría un implante subdérmico para poder vivir mi sexualidad sin riesgo de quedar embarazada antes de querer ser madre. Si todas las niñas recibieran este regalo (y ojalá hubiera uno para niños), quizá nuestros congresistas y algunos gobiernos, en vez de gastar energía en lo que no tiene reversa, podrían concentrarse en qué hacer para que cerrar las brechas de género no tome 257 años, como pronostica Unfpa. ¿Y usted qué pediría?

Claudia Isabel Palacios